Revista Lucarna

Una Mirada sobre las artes emergentes

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En la arena, el pasto... o el asiento del colectivo

Usted Está Aquí, de Natalia Chami y Romina Bulacio Sak

Entrevista a las creadoras de esta impredecible experiencia teatral

Lunas Cautivas – Historias de poetas presas, de Marcia Paradiso

Documental sobre tres mujeres, tres historias y un penal

El mal que aqueja, de Luciano Borges (Teatro)



 Por Celina Ballón.

El tren se mueve poniendo a prueba cada una de las vértebras de su columna, pero la Actriz se las ingenia para hablar a pesar de eso – y también del ruido. Podrían seguir andando infinitamente porque en esa tierra parece haberse borrado la línea del horizonte, pero en algún momento hay que detenerse. La necesidad manda. Es el Director quien da la voz de alto y poco después formula la pregunta inevitable: ¿adónde estamos? La Actriz responde, con los ojos brillantes: “En el inicio, donde todo es voluntad”. La tierra parece entonces un papel en blanco para escribir a gusto, pero enseguida aparece el capitán de caballería Vicente Dota, que huye de los indios que dispersaron a su tropa y está obsesionado con construir una segunda zanja de Alsina. El Director no lo duda: este es el actor que necesita su circo. Comienza entonces un delirio donde nadie parece ser quien es: el militar se prueba la identidad de un payaso, la Actriz se comporta como una maestra nostálgica de tiempos mejores y el Director – que no tiene un mísero ladrillo – calcula los escalones de su teatro mientras sueña con ver al presidente en el palco. A los tres prófugos los ronda la angustia de lo perdido y la posibilidad de escapar. Después de todo, la tierra es lo único que nunca se acaba.


Lo primero que merece destacarse de El mal que aqueja es su rica intertextualidad. Luciano Borges cita a Sarmiento -su perenne obsesión con el  desierto-  y a Schopenhauer -la vida como tránsito perpetuo hacia sitios provisionales que sólo brindan desilusión-, pero los interlocutores de la pieza son sin duda muchos más. 

Los hombres de El mal que aqueja no leyeron el Plan de Operaciones, pero llevan el mapa de la Nación escrito en el cuerpo. Saben, en carne propia, lo que Moreno advierte: que los cimientos de una nueva república nunca se han cimentado sino con el rigor y el castigo.

 

La obra es exigente, demanda la completa atención del espectador. Cuando termina algo queda en suspenso en los largos segundos que anteceden al aplauso. Se notan el compromiso de los actores y el cuidado del vestuario, acorde con la época y el carácter de los personajes. Tiene, asimismo, una interesante propuesta sonora, posible gracias a la pericia musical de los intérpretes. Y formula una pregunta que tiene la inteligencia de no responder: ¿cuál es el lugar del teatro en esta historia?

Dónde: El Excéntrico de la 18º. Lerma 420. Teléfono: 4772-6092.
Cuándo: Sábados a las 22:30.
Cuánto: $200/$160.


Ficha técnico-artística
Dramaturgia: Luciano Borges.
Texto: Luciano Borges, Renata Moreno, Tomás Raele, Gonzalo San Millan.   
Actúan: Renata Moreno, Tomás Raele, Gonzalo San Millan.
Peinados: Cecilia Gómez García.
Maquillaje: Cecilia Gómez García.
Diseño de vestuario: Cecilia Gómez García.
Diseño de luces: Iván Nirich.
Realización de vestuario: Cecilia Gómez García.
Música: Luciano Borges, Renata Moreno, Daniel Quintas, Tomás Raele, Gonzalo San Millan.
Entrenamiento corporal: Jazmín Titiunik.
Entrenamiento musical: Daniel Quintas.
Asistencia de dirección: Claudio Bagnato.
Colaboración coreográfica:  Jazmín Titiunik.
Dirección: Luciano Borges.

El jerarca, de Igón Lerchundi y Franco D'Aspi (Teatro)

 


Por Victoria Cestau


Mimoteatro es un teatro independiente, ubicado en la calle Defensa del barrio de San Telmo, que funciona -además- como escuela de un lenguaje revolucionario. Un espacio espiritual, como dice Igón. La historia de este lugar y sus fundadores es la muestra viva del poder del amor.

Un actor. Un actor solo en escena. Un espacio vacío


Sus ojos color mar y sus manos expresivas habitan todo el escenario. La proyección de su cuerpo es sobrenatural: sus pasos, los tiempos, los movimientos suaves de un cisne. Se apodera de la naturaleza. 
Sentado detrás de mí está el director, nada más y nada menos que el gran maestro Igón Lerchundi, el pionero junto con Roberto Escobar del Mimo en Argentina.

Primer acto: El funeral


Franco D’Aspi, el actor mimo, despliega un talento conmovedor. Cuenta la historia real de Igón, sus vivencias, su dolor, su alegría. Una butaca atrás, escucho cómo se emociona el maestro, sus lágrimas recorren aquel pasado habitado por este presente sublimado en arte refinado. Yo lloro también. 

La energía que corre en la sala hace de esta obra una experiencia para el público. La niñez de quien escuchó bombas, de quien tuvo hambre y frío, de quien bailó para no sufrir, de quien cantó para no marchitar. Todo en El jerarca es tan fuerte y poético al mismo tiempo; es otra realidad que nos invita a sumergirnos en otra dimensión. 
La calidad del trabajo lumínico pinta la escena como un lienzo. Desde la cabina, la sensibilidad también tiene su lugar en la escena. La música es bella y nos transporta también, todo lo que se escucha está decididamente diseñado. 

El cuidado de todos los detalles hace de esta obra de arte un mundito todo completo. 

Segundo acto: El maqui


El recurso finamente utilizado de la proyección. El diálogo de ambas artes es reflejo de otra muestra de saber lo que se quiere expresar, cómo, por qué, hasta dónde. El juego de los encuadres y de las acciones físicas. El teatro puede ser filmado también, asistimos a una mezcla de lenguajes, un lugar increíble. 

Tercer acto: La rutina de un jerarca


La composición que realiza el director junto al actor es devastadora. Aquel actor que fue un niño, una madre y un mundo atravesado por la guerra, ahora es el dictador más despreciable. El Cisne ahora es un Dragón. El cuerpo del actor devela la contracara. El lenguaje es corporal, sumamente expresivo. No hay palabras, el silencio es más potente, las imágenes como cataratas empiezan a contar otra historia, la historia del otro. 

“La dinámica del recuerdo es más importante que el propio recuerdo” (Lecoq, El cuerpo poético, 1997). 


Fino, elegante, bello en su horror; los golpes, la precisión del movimiento, la violencia ilustrada con tanta estética. Las líneas de movimiento generan una dinámica, una música en el cuerpo, la partitura está en cada mínimo detalle, en cada músculo. Y ante tanta técnica perfeccionista, la emoción desborda, el cuerpo está vivo, los sentimientos se adueñan. Una magnifica clase no sólo de teatro, sino de la vida.

En primera persona


Salí de la sala emocionada y angustiada. Aún conservo un pequeño dolor en el pecho. La función del arte es maravillosa. No ha pasado mucho tiempo de esta atrocidad. Cruzo la vereda, miro las antiguas calles de San Telmo, veo sus adoquines, ¿cuánta historia, no? Y, sin embargo, no hemos aprendido nada. 

Miro hacia arriba, la humedad y la niebla cubren el cielo de Buenos Aires. La pregunta de la humanidad vuelve a tener otro nombre, pero es la misma pregunta que cava en lo profundo: ¿Dónde está Santiago Maldonado? ¿Dónde están todos aquellos que no están? ¿Por qué somos tan crueles? Por qué.



Cuándo: Viernes 21:00. 
Dónde: Mimoteatro (Defensa 611 - CABA). Teléfono: (11) 4342-9411. WhatsApp: 11-6031-9349. 
Cuánto: Entrada general, $200. Estudiantes y jubilados, $150.


Ficha técnico artística

Creación: Igón Lerchundi, Franco D'Aspi.
Actor: Franco D'Aspi.
Diseño sonoro: Mariano Abrate.
Realización de escenografía: Darío Tarasewicz.
Preparadora vocal: Mónica Puente.
Asesoramiento en danza vasca: Juan Martín Vicente, Iñaki Galardi de Lescano.
Máscara y accesorios de vestuario: Alfredo Iriarte, Gabriela Guastavino.
Diseño gráfico: Javier Choi, Federico D'Aspi.
Luces y sonido: Stefany Briones Leyton.
Dirección: Igón Lerchundi.

Reloj de Sol, de Susana Grimberg (Poesía)




Reloj de sol.
De lunas insinuantes. 

(destiempos – contratiempos). 

El tiempo gira.

  


Un pasado que no se escribe
no inscribe la vida.  



Giran los años, 
las vueltas del tiempo. 

Alto, firme, leal.
Muslos como pilares. 

Fuerza
en las manos inquietas.

Su sello,
          
el nombre.



La conoce a la vuelta del destino.
Otra princesa,
deseante blancura.

La descubre, desea, ama.

(Rumor). 

Pálida. 
Deseante blancura.  
Resplandecen en su piel  
verdades mentirosas.

La del nombre de princesa,  
la que hizo de la mentira su causa, 
la del goce de morir sin amor. 

La princesa y él. 
Ella, la de nada que la ligue a la vida. 
Él, 
fin del juego.

Medusa, esfinge,  
Palidez. 
  
Trampa del goce.

Gira sobre sus pies 
sin volver a mirarla. 



La vida pone 
barreras a la vida.

(La vida, no, 
la muerte).

La muerte inventa celdas.
Encierra en ellas.

(La muerte no, 
la vida).


De Segunda parte, Reloj de Sol en Geometría de la libertad.

Un poco sobre Susana Grimberg
Oriunda de la provincia de San Juan. Psicoanalista, escritora y columnista, escribió notas para los diarios Página 12, La Nación, Primera Edición (Misiones), Diario de Cuyo (San Juan) y la revista Debate.

Desde hace 25 años es colaboradora de Comunidades, periódico judío independiente. Durante su carrera profesional investigó sobre el pensamiento judío y redactó más de 200 artículos sobre política, con el psicoanálisis como marco teórico de referencia. Sus contribuciones teóricas como psicoanalista fueron publicadas por la Escuela Freudiana de la Argentina.

Posee una amplia trayectoria en radio: actualmente es programadora y conductora de “A la vuelta” en Radio Sentidos en la que habla sobre los malentendidos en la vida cotidiana, título del ensayo que publicará en el 2018. Anteriormente formó parte del equipo del programa “En la otra puerta” en radio.

Poesías
Los bordes del tiempo (2002), Grupo Editor Latinoamericano.
La mirada de Ana, sobre el diario de Ana Frank (2005), Editorial Milá. Sinfonía Mayor (2009), Primer Premio Certamen Nacional Ed. Ruinas Circulares. Geometría de la libertad, (2014), Ruinas Circulares Ediciones. Poesías desnudas, Mención de Honor Concurso Internacional del Instituto Cultural Latinoamericano, de próxima edición.

Leé más poesía
Piñas en el aire, de Leandro Gabilondo

Fragmento de Emilia, de Patricia Verón
Modos de ir, de Gabriela Franco

De cómo Sr Mockinpott logró liberarse de sus padecimientos, de Peter Weiss




Nuestra risa es siempre la risa de un grupo (…) y para comprender la risa hay que reintegrarla a su medio natural, que es la sociedad, hay que determinar ante todo su función útil, que es una función social (…) La risa debe responder a ciertas exigencias de la vida común. La risa debe tener una significación social. (Bergson, La Risa, 1900, Pp.14 y 15.)

Por Victoria Cestau.  

La obra de Peter Weiss, dramaturgonovelistapintor, artista gráfico y cineasta experimental alemán, nacido a principios del S XX, es un universo de muchas aristas. La  adaptación de Javier Margulis es realmente un trabajo fino. Su variada y vasta formación dialoga a la perfección con la obra del alemán. Respetando el texto, integra elementos de nuestra coyuntura, lo que hace de la obra una pieza actual y dinámica.

Nos sumergimos en el IFT, espacio de reconocida trayectoria de nuestro teatro nacional. Dos pisos arriba aguarda la sala para dar comienzo a una obra en la que confluyen múltiples lenguajes artísticos. Los seis actores y un músico despliegan en escena todo su talento. Actores reconocidos en el mundo del clown, del mimo y de la comedia.

Comprendemos que en este mundo trastocado habita un protagonista llamado Mockinpott, estupendamente interpretado por Nacho Albani, que atraviesa conflictos universales. La libertad, la muerte, Dios, el poder, la infidelidad, la burocracia, la corrupción, todos temas que nos tocan de cerca y que siempre tiene sentido poner en escena. Pero sabemos que el desafío siempre es la forma, el cómo. En esta oportunidad, cada actor compone varios personajes desde la concepción del maravilloso teatro de máscaras. Es realmente gratificador ver cómo cada máscara es habitada por un cuerpo diferente, su uso y función en la escena se destacan en esta estética absurda.

Recursos del Teatro y del Actor Popular se manifiestan armónica y equilibradamente con el teatro de texto. Romper la cuarta pared, dialogar con el público, jugar con cada objeto y resignificarlo, parodiar la realidad con humor y crítica, cantar, bailar, recitar: aquellos trovadores vuelven a ser carne en el S XXI.

El teatro físico se refleja en los gags y slapticks que constantemente nos sorprenden, el público ríe y festeja. El juego payaso funciona a la perfección, los roles y estatus de cada personaje se afinan como instrumentos de una orquesta y cada uno brilla con luz propia. Se utilizan muchos procedimientos técnicos, de los cuales Bergson en su ensayo filosófico La Risa, explica para definir el humor y lo cómico. La repetición, la deformidad de los cuerpos, la desproporción entre causa y efecto de la acción física, la inversión e interferencias de series, entre otras.

Quienes nos dedicamos al teatro sabemos que esto es posible porque hay un gran trabajo de los actores en consonancia con la dirección. Tanto Javier Margulis como Eugenia Levin han sabido llevar este trabajo impecable, que comprende además una puesta en escena que hace valorizar al trabajo realizado en el vestuario, las luces, los objetos y la escenografía (que cuenta con telones pintados). Todo responde a una misma paleta de colores, donde este mundo se proyecta creando una realidad alternativa. Esta realidad resuena en los estudios que realiza Bajtín acerca del carnaval y la cultura popular.

La risa descubrió al mundo desde un nuevo punto de vista, en su faceta más alegre y lúcida. Sus privilegios exteriores están indisolublemente asociados a sus fuerzas interiores. Sus privilegios exteriores son en cierto modo reconocimiento exterior de sus derechos interiores. Por eso fue que la risa nunca pudo ser convertida en un instrumento de opresión o embrutecimiento del pueblo. Nunca pudo oficializarse, fue siempre un arma de liberación en las manos del pueblo. (Bajtín, La cultura popular en la Edad Media y el Renacimiento. El contexto de François Rabelais, 1988, p.89)

Esta cita dialoga con la reconocida e inquietante trayectoria de Eugenia Levin, (fue la fundadora e integró la dirección de Teatro x la Identidad hace más de 15 años), que tanto como teatrista y cineasta ha manifestado a lo largo de su carrera.

Cada integrante de Mockinpott lleva adelante una formación y desempeño en distintos campos de la cultura que se despliega en la obra. Se agradece ver a artistas y docentes trabajando en conjunto, llevando a cabo la tarea más hermosa: hacer.

Cuánto: $250,00.
Cuándo: Desde el 16/09, sábados 21:30; domingos 20:00.
Dónde: Espacio IFT (Boulogne Sur Mer 549
).



Ficha técnico artística:
Actúan: Nacho Albani, Agustín Soler, Valeria Maldonado, Marina Barbera, Pablo Algañaraz, Yanina Frankel y Lechuga Beckerman.
Colaboraron en la escenografía: Alejandro Mateo, Marcelo Salvioli.
Pintura de Telones: Maite Corona, Ariadna Tártara Moyano.
Vestuario: Lili Piekar, Julieta Heiderscheid.
Realización de narices: Robert Narices.
Realización vestuario: Silvana Morini.
Iluminación: Marcos Pastorino.
Asistente de dirección: Ezequiel García Faura. 
Dirección: Javier Margulis y Eugenia Levín.

Cyrano de más acá, de Emiliano Dionisi (Teatro)


Por Másako Itoh.

Visitar la sala María Guerrero del Teatro Nacional Cervantes tiene algo de viaje al pasado.  Abrir una puerta con reminiscencias de vieja abadía española que conduce al antepalco, donde, luego de atravesar una cortina de damasco de rayón, disfrutar una magnífica visión del escenario con su clásico diseño a la italiana y su pesado telón bermellón que se descorre.

Ahora bien, visitar la sala María Guerrero del Teatro Nacional Cervantes para ver Cyrano de más acá, de Emiliano Dionisi, implica el mismo ejercicio de corrimiento de velos y puertas, una tras otra, de viaje al pasado, pero que nos interpela con humor y emoción en el presente.

Desde lo argumental, la pieza está inspirada en el Cyrano, de Bergerac de Edmond Rostand. Un guerrero cultivado, Cyrano (Roberto Peloni), dotado tanto de valentía como de sensibilidad poética, pero con una nariz tan prominente que lo aleja irremediablemente de la posibilidad de enamorar a su prima, la bella Roxana (Julia Gárriz). Pero el sello de Dionisi, se observa en su inteligente forma de enmarcar esta historia en otra, que es la de los personajes que comentan este transcurrir de la vida de Cyrano, la analizan y la disfrutan, y cuya intervención acelera el ritmo de la pieza, volviéndolo un juego vertiginoso, con el omnipresente acompañamiento musical de Martín Tincho Rodríguez y músicos en vivo.

Pero no sólo eso, Cyrano también juega con diversos géneros dramáticos -tanto de prosapia europea como criolla-, y, sobre todas las cosas, el disloque de la palabra o, mejor dicho, de los sentidos de las palabras, que unas veces es literal y otras metafórico, pero que deambula segura entre los pasillos de la mejor poesía humorística cercana a la greguería, y el sentimentalismo sincero que deviene en emoción.

Desde la puesta en escena, ya vemos claros indicios del gusto por lo barroco, por los distintos puntos de vista. Una escenografía móvil, que va mutando tanto en lo físico como en sus referencias histórico-temporales. Una suerte de carromato que delimita tres espacios dramáticos distintos: un escenario clásico a la italiana y de papel pintado, que recuerda a los teatros de dioramas del siglo XVII, especialmente diseñados para los juegos de los niños, con sus varios niveles de profundidad y colorido; un romántico balcón, al estilo Romeo y Julieta, y un moderno campo de batalla con cierta interpelación a las guerras de mitad de siglo XX.

Con toques de comedia del arte, lenguaje clownesco amalgamado a nuestro drama criollo, esta pieza invita a familiarizarse con el lenguaje expresivo y lírico a partir del humor.

Cabe mencionar, el singular combate con versos improvisados y empuñaduras, pero sin espadas (“Un abc aplastante para el marqués ignorante”, afirma Cyrano), donde la regla es utilizar en orden las letras del abecedario.

Se trata de una historia de amor que muestra otras formas de vinculación entre las personas, a través de cartas amor, de sus diferentes palabras y sentidos, que de alguna manera interpela nuestras maneras actuales de comunicación, subsumidas en el laberíntico juego de mensajes de texto abreviados o audios de voz delimitados en función de los minutos que ocupa.

Dónde: Teatro Nacional Cervantes. Libertad 815.
Cuándo: Sábados y domingos a las 15:00, hasta el 9 de septiembre.
Cuánto: Desde 50$.



Ficha Técnico-artística

Actúan: Juali Gárriz, Roberto Peloni, Talo Silveyra y Horacio San Yar. 
Músicos: Gianluca Bonfanti Mele, Matías Sebastián Menarguez Insúa, Martín Tincho Rodríguez, Juan Pablo Schapira. 
Vestuario: Marisol Castañeda. 
Escenografía: Gonzalo Córdoba Estevez. 
Iluminación: Gonzalo Córdova. 
Música original: Martín Tincho Rodriguez. 
Dramaturgia y Dirección: Emiliano Dionisi. 

La casa dada vuelta, de Guadalupe Lombardozzi (Teatro)



Por Másako Itoh.

Una de las formas dramáticas en la que mejor se patentiza el origen mágico y ritual del teatro es el teatro de títeres. Y es que en un mismo acto, bella paradoja mediante, el titiritero nos muestra cómo manipula un objeto que, al mismo tiempo, casi nos convence que está vivo.  

Si a esto le sumamos que el manipulador simultáneamente encarne otro personaje, el deleite ante tanta destreza artística no puede ser mayor. Esto sucede en La casa dada vuelta, de Guadalupe Lombardozzi, quien -como titiritera pero también asumiendo el rol de una pequeña niña, Irupé- debe combatir al feroz monstruo Estisimolou, que acecha los sueños de los niños. Pero Irupé no está sola, cuenta con la ayuda de su muñeca favorita, Tomoe Gozen (nombre de una heroína guerrera del Japón feudal) para emprender este viaje plagado de peligros.

Con música original de Andrés Albornoz y una soñada casa de muñecas de color celeste, realizada por Juan Manuel Benbassat, se configura este mundo, sencillo pero fantástico, minimalista y bello por donde se lo busque. 

La sólida mirada de dirección de títeres de Adriana Sobrero, consigue darle vida a cada gesto y movimientos de los títeres, sacando el jugo a los momentos no dialogados de la obra (situaciones de lucha, juegos, búsquedas) donde el cuerpo del títere y fundamentalmente sus gestos, adquieren verdadera dimensión poética. De esta manera, consigue una de las cosas más asombrosas que puede generar el teatro: detener el tiempo cotidiano, el del espectador, para adentrarlo en el otro, aquel que pertenece al de la vida de los títeres. 

Acerca de Guadalupe Lombardozzi

Es egresada de la Escuela de Titiriteros del Teatro San Martín. 
En actuación se formó con Pompeyo Audivert, Ricardo Bartíz, María Onetto. En clown, con Quique Federman y Marcelo Katz. En teatro de Objetos, con Ana Alvarado. Como escenógrafa se formó en la Escuela de Diseño Escénico Saulo Benavente,  y con escenógrafos como Oria Puppo, André Serroni, Pamela Howard y Mónica Raya. 
Desarrolla su actividad como docente en el área no formal trabajando con niños y adultos desarrollando talleres en el Centro Cultural Recoleta y cursos de extensión en la Universidad Nacional de las Artes.
Actualmente dirige sus espectáculos en La Lupe Teatro, plataforma en la cual desarrolla sus obras.

Cuándo: Domingos de Agosto a las 17:00.
Dónde: Pan y Arte, Casa de Títeres. Av. Boedo 880, CABA.
Cuánto:  $ 180 y $ 160 (estudiantes y jubilados).
Reservas:4957-6922


Ficha técnico-artística
Diseño de títeres y objetos: Guadalupe Lombardozzi
Realización de títeres: Manuela Grandal, Ayelén Laxatl, Guadalupe Lombardozzi, Myriam Salto.
Realización de la casa: Juan Manuel Benbassat
Realización de Vestuario: Pepi Sánchez
Música original: Andrés Albornoz
Diseño gráfico: Olifant, Valeria Miguel Villar
Dirección de títeres: Adriana Sobrero
Dirección de actuación: Laila Duschatzky
Puesta en escena: Guadalupe Lombardozzi y Adriana Sobrero 
Dramaturgia y dirección: Guadalupe Lombardozzi

El día de una soñadora (y otros momentos), Sobre textos de Copi, adaptada y dirigida por Pierre Maillet (Teatro)


                                                   Por Luz Moreira.

El espectáculo fue estrenado el año pasado en el Centro Cultural Néstor Kirchner y, por solo cuatro funciones, es parte de la programación del Teatro Nacional CervantesEl día de una soñadora… y otros momentos, es un montaje basado en dos textos de Copi: El día de una soñadora... y Río de la Plata. En él, Marilú Marini es protagonista de un recital libre y poético; aparece acompañada por el piano de Lawrence Lehérissey y las voces en off de Marcial Di Fonzo Bo, Michael Lonsdale y Pierre Maillet, quien también tiene entre sus manos la dirección de la obra. 

Se hace evidente que Maillet es conocedor y estudioso de las particularidades de los textos de Copi. Por su parte, la actriz cuenta con años de amistad y trabajo con el autor del clásico y singularísimo La mujer sentada, cuya versión teatral ella misma interpretó en París. 

Marilú encarna, con su actuación, y Pierre Maillet dirige La journée d’une rêveuse (et autres moments…), El día de una soñadora (y otros momentos), la primera obra que Copi escribió en francés y su primera pieza montada en Francia (en 1968) por Jorge Lavelli. En ella se cuela Río de la Plata, el prólogo autobiográfico de una novela que nunca fue, escrita por Copi como una suerte de testamento.

Narrando en francés, Copi, como Beckett, reinventó el idioma. La relación con las palabras y con la Argentina, el exilio de la escritura, están aquí como tema de fondo. Y Marilú, cuyo cuerpo alberga a tantas criaturas en escena, habla por él, pero también por ella misma, y se vuelven uno.

El día de una soñadora... se presenta en francés con subtítulos en castellano y hace homenaje a un par de amigos artistas en su mejor y más encantadora faceta. Una pareja compuesta hermosamente, un retrato de lo mejor y más bello de cada uno y de los dos juntos. Son Copi y Marilú, artistas, amigos, argentinos, extranjeros de su tierra, retornados, trastornados quizá. Las variadas capas del texto exquisitamente interpretado invita y seduce desde lo rítmico y sonoro del perfecto francés de Marilú y la musicalización de un piano delicado y contundente.

Los textos de Copi en el cuerpo emocionado de Marilú Marini resultan simplemente un espectáculo encantador que mantiene al espectador entre el asombro y la emoción. Una actriz tremendamente generosa se pone a disposición del todo y transforma texto y público en protagonistas.

Únicamente los entendidos en la materia logran traer a Copi tan contundentemente. El espíritu copiano trasvuela la escena, y entonces no está de más preguntarse quién es quién. Una actriz que se enviste a Copi y Copi que se trasviste de actriz. El encuentro entre ambos se brinda desde las manos de Maillet que, cual pintor, plasma lo más significativo de un lenguaje, y lo hace hoy, con un Copi actual, que en su afrancesada manera expone la argentinidad impresa en su poesía. 

Marilú lo sueña a Copi, lo revive, es…

Una cena entre amigos

Y pienso en los amigos, en la historia común de ellos como un compendio maravilloso y escénico, una especie de cena, de encuentro donde Maillet pone la mesa y cocina, para que Copi y Marilú charlen y beban, y gocen el teatro. 

Marilú en escena es tan grande que danza con el vértigo de la ficción y la realidad de esa manera tan linda como es la suya; y te encanta, bailas con ella, explotas con ella, te sonrojas con ella e, inevitablemente, la admiras, le agradeces, quieres ser ella y ser Copi; ser amigo de los dos, ir a cenar y salir a caminar por la ribera del Río de la Plata con Maillet y preguntarle mil cosas, y decirle que a Copi le hubiese encantado su teatro, porque lo conoce y lo siente, y qué bueno que nos invita a encontrarnos con él así.

Dónde: Sala María Guerrero. Teatro Nacional Cervantes. Libertad 815.
Cuánto: 120 y 90 pesos. Descuentos para jubilados, docentes y estudiantes con acreditación.
Cuándo: 7 de agosto a las 20:00.